¿Cómo hablar de las emociones con mi hijo?
- Yoshigei Uriarte
- 16 jul
- 5 min de lectura
¿Alguna vez has escuchado a tu hijo decir "no sé qué me pasa", mientras llora, grita o se encierra en su habitación? Muchas veces esperamos que los niños expresen sus emociones como lo haría un adulto, pero la realidad es que apenas están aprendiendo a reconocerlas, comprenderlas y comunicarlas.
Las emociones forman parte de la vida desde los primeros años. Sin embargo, nadie nace sabiendo cómo manejarlas. Así como enseñamos a nuestros hijos a caminar, hablar o leer, también podemos enseñarles a identificar lo que sienten y expresar sus emociones de una manera saludable.
Hablar de emociones no hace a los niños más sensibles o débiles; al contrario, les brinda herramientas para afrontar los desafíos de la vida con mayor seguridad y confianza.
Por tanto, hablar de las emociones con un niño significa ayudarle a reconocer lo que siente, ponerle nombre a sus emociones, comprender por qué aparecen y enseñarle maneras saludables de expresarlas. Cuando un niño aprende a entender su mundo emocional, también desarrolla mayor autocontrol, autoestima y capacidad para resolver problemas.
¿Por qué es importante hablar de las emociones?
Las emociones cumplen una función importante. El miedo nos protege del peligro, la tristeza nos ayuda a procesar pérdidas, el enojo nos indica que algo nos resulta injusto y la alegría fortalece nuestros vínculos con los demás.
El problema no son las emociones, sino no saber qué hacer con ellas.
Cuando un niño no puede identificar lo que siente, es frecuente que lo exprese mediante conductas como berrinches, agresividad, aislamiento, llanto constante o dificultades para relacionarse. En cambio, cuando un adulto le ayuda a comprender sus emociones, el niño aprende poco a poco a regularlas. La regulación es relacional, se dará en medida que el adulto acompañe de manera sensible la emoción.
Diversas investigaciones han demostrado que los niños que desarrollan habilidades emocionales presentan mejores relaciones sociales, mayor rendimiento escolar y una mejor salud mental a lo largo de su vida.
Errores frecuentes al hablar de emociones
Con la intención de tranquilizar a nuestros hijos, los adultos solemos utilizar frases que, aunque bien intencionadas, pueden dificultar que aprendan a comprender lo que sienten.
Algunos ejemplos son:
"No pasa nada."
"Ya deja de llorar."
"No estés triste."
"Eso no es para tanto."
"Los niños grandes no lloran."
"Si sigues llorando te voy a regañar."
"No te enojes".
Cuando un niño escucha estos mensajes, puede interpretar que sentir determinadas emociones está mal o que debe esconderlas para ser aceptado.
¿Qué podemos hacer como adultos?
1. Ayúdale a poner nombre a lo que siente.
En lugar de preguntarle únicamente "¿Qué tienes?", podemos decir:
"Parece que estás enojado porque tu hermano tomó tu juguete."
Nombrar la emoción ayuda al niño a comprender lo que está viviendo.
2. Valida sus emociones.
Validar no significa estar de acuerdo con todo lo que hace, sino reconocer que lo que siente es real.
Por ejemplo:
"Entiendo que estés triste porque terminó el tiempo de jugar."
Es diferente decir:
"No llores, eso no importa."
3. Escucha antes de corregir.
Muchas veces queremos resolver el problema inmediatamente.
Sin embargo, antes de buscar soluciones, el niño necesita sentirse escuchado.
A veces basta con sentarnos a su lado y permitirle expresar lo que siente.
4. Enséñale maneras saludables de expresar sus emociones.
Podemos ayudarle a respirar profundamente, dibujar lo que siente, escribir, abrazar un peluche, hablar con un adulto de confianza o buscar juntos una solución.
El objetivo no es evitar que sienta emociones difíciles, sino enseñarle a manejarlas.
5. Sé un modelo.
Los niños aprenden mucho más de lo que observan que de lo que escuchan.
Cuando un adulto dice:
"Hoy tuve un día difícil y me siento un poco frustrado, pero voy a respirar antes de seguir."
está enseñando regulación emocional con el ejemplo.
Un ejemplo cotidiano
Imagina que tu hijo pierde un juego de mesa y comienza a llorar o a enojarse.
En lugar de decir:
"Ya cálmate."
Podrías decir:
"Veo que estás muy molesto porque querías ganar. Perder puede sentirse frustrante. Está bien sentirse así. Cuando te sientas listo, podemos pensar qué hacer la próxima vez."
Con esta respuesta no estamos premiando el berrinche; estamos enseñándole a reconocer y expresar lo que siente.
¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?
Es recomendable buscar orientación psicológica cuando las emociones de un niño comienzan a afectar de manera importante su vida diaria.
Algunas señales de alerta son:
Llanto frecuente sin una causa clara.
Enojos muy intensos o difíciles de controlar.
Aislamiento constante.
Miedos que limitan sus actividades.
Cambios importantes en el sueño o el apetito.
Tristeza persistente durante varias semanas.
Dificultades para relacionarse con otras personas.
Conductas que ponen en riesgo su bienestar.
Pedir ayuda no significa que los padres hayan hecho algo mal; significa que desean brindar a su hijo el apoyo que necesita.
Lo que dice la evidencia
La investigación en psicología del desarrollo ha encontrado que los niños cuyos cuidadores reconocen, validan y acompañan sus emociones desarrollan mejores habilidades de regulación emocional, mayor autoestima, relaciones más saludables y una mejor capacidad para resolver conflictos.
Hablar de emociones desde la infancia también se ha asociado con un menor riesgo de presentar problemas de conducta y dificultades emocionales en etapas posteriores del desarrollo.
Para reflexionar
Los niños no necesitan adultos que nunca se equivoquen.
Necesitan adultos que estén dispuestos a escuchar antes de juzgar, comprender antes de corregir y acompañar antes de exigir.
Cada conversación sobre emociones es una oportunidad para fortalecer el vínculo con nuestros hijos y enseñarles una habilidad que les acompañará durante toda la vida.
En Infancia al Centro creemos que cada emoción merece ser escuchada. Acompañar a un niño no significa evitar que sienta tristeza, enojo o miedo, sino ayudarle a comprender que todas las emociones son parte de la experiencia humana y que siempre existen maneras saludables de expresarlas.
Si tienes dudas sobre el desarrollo emocional de tu hijo o sientes que necesita apoyo, recuerda que pedir ayuda también es una forma de cuidar.
Referencias
American Academy of Pediatrics. (2023). Emotional Wellness in Children.
CASEL (Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning). What is SEL?
Gottman, J., & DeClaire, J. (1997). The Heart of Parenting: Raising an Emotionally Intelligent Child.
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). The Whole-Brain Child.
Denham, S. A. (2006). Social-emotional competence as support for school readiness.
Una sugerencia para todos los artículos
Creo que podríamos agregar al final una pequeña frase distintiva de la sección. Algo como:
"Pregúntale al Psicólogo" es un espacio de orientación e información. Cada niña y cada niño son únicos; si tienes dudas sobre el desarrollo o bienestar emocional de tu hijo, busca una valoración profesional personalizada.

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